viernes, 31 de marzo de 2017

El genio del Masnou resurge

Ricky Rubio ha resurgido de sus cenizas después de una temporada nefasta, una más a sumar a las tres anteriores. El optimismo es grande ahora en torno a la figura de Ricky, quizás similar al de la primera temporada de Ricky en la NBA, aunque inferior a la de sus primeros años en ACB. Pero para analizar el fenómeno Ricky habría que empezar desde los orígenes, quizás así veamos el porqué de tantos vaivenes en su vida deportiva. Ricky fue un caso muy anómalo en el mundo del deporte, ya que alguien que con 14 años debuta en ACB y es capaz de jugar de tú a tú contra gente 4 años mayor el que menos, no puede describirse de otra manera. Pero esa precocidad, y todos los récords que fue batiendo gracias a ese talento, podrían estar entre las razones por las cuales ha tenido un bajón en su rendimiento en los últimos cuatro años, en los que nunca estuvo a la altura y tuvo que lidiar con una lesión del cruzado. Sin embargo, alguien que con 17 años disputa la final olímpica contra el mejor Dream Team de la historia, junto con el Barcelona 1992, tiene que tener algo, ya que las cosas no se logran sin una causa que justifique ese logro. Aterrizó en la NBA después de actuaciones memorables en el Joventut - no tanto en el Barcelona -, y tras haber logrado un triple doble en una final del Campeonato de Europa cadete contra Rusia. Su impacto fue inmediato en el juego del equipo, tan inmediato como las lagunas en su juego, un tiro exterior inexistente, acompañado eso sí por una buena dirección y visión de juego y por unas manos muy ágiles. El problema de Ricky es que a un base NBA se le exige anotación al igual que dirección, y Ricky generaba puntos a base de entradas, y no sabía generarse tiros, algo que aprovechaban los rivales para flotarle. Los últimos cuatro años fueron así, y también el inicio de esta nueva temporada NBA, aunque la muerte de su madre y abuela también lastraron mucho el ánimo del genio del Masnou. Todo eso, además de los constantes rumores de traspaso, hicieron que viéramos al mejor Ricky en años, coronando su gran momento con el mejor partido en anotación en su vida NBA, 33 ante Lakers. Son ya varios los partidos que Ricky juega a tope y muy bien, y de seguir así, tanto los Wolves como la selección española serían los grandes beneficiados. De momento en Minnesota se frotan las manos ante este cambio inesperado de Ricky, ya que con Towns y Wiggins podrían ser un equipo de futuro. El final de esta temporada y la siguiente marcarán el futuro de Ricky y nos dirán mucho sobre si estamos ante un efecto efímero en su juego, o ante la eclosión definitiva de Ricky.

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