¿Nos encaminamos hacia el final del cierre patronal? La respuesta está más cerca del sí que del no. Tanto jugadores como propietarios vuelven a acercar posturas y ya se empiezan a vislumbrar los primeros signos de un posible e inminente entendimiento. Nadie tiene nada que ganar con la actual situación de crispación. Los propietarios van a seguir perdiendo dinero, tanto si juegan como si no lo hacen, no cobrarán los derechos de televisión, las subvenciones de la liga, los ingresos del archifamoso BRI (Basketball-related-income, ingresos relacionados con el baloncesto), los jugadores dejarán de cobrar sus nóminas, los novatos deberán regresar a casa de sus padres al no haber percibido mensualidad alguna de sus contratos, los trabajadores de pabellones, los proveedores y todo aquello que gira en torno a la NBA seguirá parado y sus trabajadores en el paro. Así es el panorama que actualmente se observa. Con esta coyuntura, nada puede hacer pensar que no se pueda alcanzar un acuerdo, ya que lo contrario significaría la tumba de la NBA y, por ende, de muchos jugadores. Gente como Garnett, Duncan o Kobe dejarían de ingresar más de 20 millones de dólares y, eso, para gente que vive al día sería catastrófico. Por cierto, Garnett ha sido uno de los que más pegas ha puesto para que no haya temporada, nada nuevo en este singular personaje, egoísta diría, pensando en la gente que, como él, gana mucho dinero pero olvidándose de tantos otros jugadores que no ganan ni un quinto de lo que gana él.
Con todo esto, las últimas reuniones vuelven a ser positivas. Adam Silver y David Stern, por parte de la NBA, y Derek Fisher y Billy Hunter por parte de NBPA siguen negociando y ya han conseguido que se acepte un reparto del 52,5-47,5. Este era el principal caballo de batalla. Si se solucionaba esto se ganaba la mitad de esta guerra, ahora falta saber qué pasará con los límites salariales con, sobre todo, las famosas mid-level exception y la Larry Bird exception. Los jugadores no quieren que se modifiquen ya que un endurecimiento de los topes salariales evitaría las fugas de talentos a otros mercados más grandes y, consecuentemente, que no se pudieran componer equipos con tres o cuatro estrellas y se restringiera el movimiento de jugadores a otros equipos. Algunos clubes buscan lo contrario, un recorte de estos límites ya que impediría que los mercados más grandes aglutinaran a los mejores jugadores, algo que a su entender, provocaría que se acabara la igualdad de la competición algo que la NBA siempre proclamó a los cuatro vientos. Estos son los dos grandes problemas que hay que resolver, si se soluciona esto, se puede hablar de un comienzo para la última semana de noviembre, con la disputa íntegra de la competición, 82 partidos, ya que nada más se produzca el acuerdo saldrá el nuevo calendario. Reducir el calendario provocaría muchas pérdidas, tanto a televisiones como a empresarios que disponen de paquetes de ventas para ciertos equipos, además, las televisiones no estarían dispuestas a la cancelación de partidos importantes, algo que ya ha pasado al cancelarse las dos primeras semanas. Ahora sólo queda esperar la buena nueva para que todo vuelva a su normalidad, algo que tarde o temprano sucederá y que repercutirá en los grandes proyectos creados por equipos de Euroliga.

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